El dinero, el señor dinero, el amo de todos nosotros, el señor de señores, el que domina cada paso de cada persona todos los días, desde el alba hasta el ocaso. Si una mañana caminamos para la oficina, lo hacemos para recibir los jugosos billetes verdes al final del mes, si corremos al hospital, los señores verdes van en el bolsillo para poder pagar el par de pastillas de acetaminofen que van a recetarte, si te casas, hay que asegurar unos cuantos billeticos para alquilar la iglesia… para pagar el papeleo de las notarías y claro, para tener una luna de miel “decente”; hoy día hasta nacer y morir son actos dominados por el amo dinero, ¿cuánto cuesta un parto? La epidural que se le coloca a la agonízate madre, los médicos, la luz sofisticada que alumbra el cuarto de hospital, las batas azules de los enfermeros nerviosos, la cámara con la que el papá graba una cabeza que se asoma, la gasa, el agua, todo cuesta. ¿Dónde quedaron los nacimientos sencillos a la luz de una vela, sin lujos, sin tanto olor a dinero de por medio?, desaparecieron con el capitalismo, desde que el mundo es dominado por este sistema mercantil, todo, absolutamente todo, se ha convertido un negocio.
Me parece haber dicho “sistema mercantil”, y he errado, el capitalismo es más que eso, es un sistema de vida, de pensamiento, un sistema de guerra, de realidad, es “el” sistema. Lo verdaderamente curioso es que Michael Moore en su documental “Capitalismo: una historia de amor” no nos muestra una realidad ajena, oculta, novedosa. No nos muestra que las hormigas quieren dominar el mundo o que hay una nueva especie de perros verdes, no, Moore nos muestra lo que está frente a las narices de todos, esa verdad que nadie quiere ver a pesar de tenerla tan cerca de las pupilas. Para nadie es un misterio que hay hombres ricos, hombres que poseen más que todo un país junto, hombres que despilfarran el dinero en lujos morbosos y desproporcionados, de la misma manera como tampoco es un secreto que hay hombres que tienen menos que nadie, que despilfarran pobreza por los poros, hombres pobres, hombres con vidas morbosas y desproporcionadamente paupérrimas y miserables, y ¿Qué hay detrás de estos dos tipos de hombre? Un sistema, “el” sistema, el capitalismo.
La máquina del capitalismo, como lo explicaba Moore con ese tono irónico y duro, está diseñada para darle más al que tiene más y quitarle lo poco que les queda a los que ya no tienen nada que perder; las empresas son fábricas de trabajadores asalariados con posibilidades irrisorias de ascender, con atenciones perversas en salud y educación, y eso que hay quienes dicen que tienen un “buen” nivel de atención médica y educación solo por tener derecho a unas loratadinas y a que tu hijo estudie en una escuela donde aprende a leer y a sumar, pero no a pensar, y donde tendrá que librar una batalla campal con otros miles de muchachos por la oportunidad de entrar a una Universidad pública y soñar con tener una profesión, profesión obviamente pagada a peso, como todas – a menos que se vaya uno por el camino ilegal o sea de familia ya adinerada –.
Una de las denuncias que Moore muestra en su trabajo fílmico, es la visión que tienen las empresas de los empleados que ha trabajado toda su vida para ellas, un empleado viene siendo una mercancía más, y más que una mercancía es una posibilidad de generar ganancias: si trabaja genera dividendos y si se muere… también. ¿En qué bosque se nos perdió el gnomo que se llamaba humanidad? Seguramente fue derrotado por el dragón hambriento del dinero que se consume todo lo está a su paso. Pero en este cuento de hadas, muchos intentos de príncipe han intentado componer la historia, el socialismo a medias y el comunismo fracasado han sido algunos; el problema con “el” sistema es que no importa si te consideras o no parte de él, sino si él te considera parte suya y sobre todo en que escala de la pirámide capitalista te ubica.
Según Moore, la cabeza de la máquina tiene nombre propio y ubicación geográfica determinada: Estados Unidos de América. Hay bastantes personas, según me he dado cuenta, que tenemos identificado este país como el “pulpo” que todo lo controla, la cabeza detrás de lo que Moore llama “la mano invisible”. Estados Unidos no solo es el origen del modelo capitalista totalmente fundamentado y desarrollado, no solo es el encargado de distribuir la ideología del capital en el planeta, sino que también es la cuna del segundo nivel del capitalismo, es decir, el imperialismo. Imperialismo debe verse en este caso no como la figura románica de imperio, puesto que en épocas de Roma no había un monstruo económico como el que tenemos hoy, tampoco puede entenderse como un imperio físico, es decir, donde el poder reside en una pirámide, un templo o construcciones ostentosas. Debe entenderse como un imperio tácito, poderoso pero invisible, totalmente influyente, que está en todas partes a pesar de ser un solo país, que tiene grandes monumentos y edificios pero que controla regiones del mundo que tienen construcciones aún más grandes e imponentes; imperialismo como sinónimo de dominio implícito.
Es por esta razón que no nos puede sorprender si el imperio genera, entre otras cosas, una crisis mundial, pues está en sus manos el control de la masa verde del mundo, y cumpliendo con su papel de “Don Juan del billete” no duda en aprovecharse de cualquier situación que pueda dejar ganancias, léase bien: cualquier situación, de hecho si esto implica la hambruna mundial, pandemias, familias desalojadas de sus casas, caos.
¿Hay una solución? ¿Hay otro sistema? ¿Se puede derrotar el capitalismo y devolverle un sentido menos brutal a la forma de vivir? No lo sé, creo de hecho que nadie lo sabe, lo que único que sé es que algún día “el” sistema no va a aguantar más, y va a desbaratarse en pedacitos como cuando una tinaja de barro no soporta más agua, esperaremos hasta el día en que se desborde y ahí, justo ahí, se hará el cambio, y le escupiremos en la cara a los capitalistas que sigan intentando decirnos “Dame un billete y te doy una vida”.
