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viernes, 11 de febrero de 2011

Y seguimos caminando

En  cada época de la historia el hombre ha tenido un lugar sagrado, un templo en donde la existencia toma sentido y se trasforma  la sociedad: los egipcios y sus pirámides, los griegos y sus acrópolis,  el medio evo y los monasterios,  la modernidad y sus fábricas. Nótese que cambiamos una serie de sacrosantos lugares por la crudeza de un espacio en donde en vez de enterrar cuerpos momificados enterramos la creatividad humana, donde no adoramos a más dioses que al dinero y donde en vez de cultivar sabiduría aramos el materialismo moderno.
No es simplemente un gesto cómico el hecho de que Chaplin en su papel de obrero de fábrica en plena revolución industrial, hubiese terminado chalado, es una muestra de que los ritmos frenéticos de trabajo a los que eran y aún son somos sometidos los seres humanos causan un daño desmedido sobre nuestros cerebros, nuestras  mentes están hechas para la actividad creativa, para el ejercicio de la imaginación, tienen la capacidad del ingenio, una facultad que ningún otro ser vivo en el planeta posee a tal magnitud como nosotros, entonces al ser reprimida toda la iniciativa creadora de nuestras cabezas a lo único que podemos aspirar es claramente a la locura.
Se supone que todo el proceso de la revolución industrial lo hicimos en la  búsqueda de un bienestar mayor y de la mejora de la calidad de vida, ya quedó claro que esto se logró solo para unos pocos mientras que el resto de la humanidad perdió precisamente eso, su humanidad y pasamos a ser una tuerca más de las maquinas que todos los días hacen ruidos y producen en vez de ventura la irremediable pobreza que viene fielmente acompañada de  infelicidad.
Me parece ver en  el  jocoso caminar de Chaplin ese dejo de melancolía que llevan cada día los trabajadores que pasan por  la calle, esos que van agitados por la vida, trabajando en condiciones extremas y con horarios maratónicos para que su familia pueda comer y tratando al mismo tiempo de darle al mundo una mirada optimista, en un gesto de amabilidad con un sistema económico que los hace chatarra humana. Aún hoy hay en las calles una cantidad inimaginable de desempleados, quien se iba a imaginar que Chaplin hace tanto tiempo mostraría la manera en como miles de personas hoy van de un oficio a otro en una labor desgastante llamada “el rebusque”, nuestras necrópolis  tienen por abundancia seres que hacen lo que sea por sobrevivir, y  por esto no deben sorprendernos las altas cifras de delincuencia, ni las miradas de los niños vendiendo dulces en los andenes ni mucho menos la depresión de nuestros ancianos por sentirse inservibles ante una sociedad en donde quien no produce, no vale nada.
Han pasado ya muchos años desde que Charlie Chaplin le mostrara a el mundo de una manera futurista el posible devenir de la condición humana, en el siglo XXI seguimos como Chaplin: caminando de la mano de una esperanza nostálgica tal vez infundada de que por fuera de las fabricas hay vida, de que los tornillos y los billetes verdes no son la razón de existir y sobre todo de que hay un camino a una utópica felicidad.

1 comentario:

  1. mi lucesita de orienteee!!!::........por ke me gusta tanto como escribes??? ah yaa se!! por ke escribes simplemente espectacular......me encantoo te adorooo!!:.....:)

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