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domingo, 12 de junio de 2011

Juro nunca más comerme el pan con mantequilla de tus mañanas


Juro nunca más comerme el pan con mantequilla de tus mañanas.
Es que antes no podía resistirme. Me atraía el pan, me atraía la mantequilla y la verdad, me atraías vos.
El pan no era tan bueno, la mantequilla lo hacía exquisito, él sin ella no es nada, como yo sin vos.
Valía la pena despertarme cada mañana muy temprano y pasar en cunclillas hasta la cocina, agarrar tu pan mantequilla y devorarlo: un bocado era suficiente.
Me quedaba la cara untada, es verdad, tal vez por eso sabías que era yo la que me comía tu pan, tu pan con mantequilla.
También valía la pena aguantarme tus gritos. Cada mañana hacías el mismo escándalo, el mismo berrinche, solo porque me comía tu pan con mantequilla, y yo, como todos los días, me sentaba a mirarte, colérico, y te imaginaba comiendo el pan con mantequilla, que era tuyo pero que jamás probarías.
¡Cómo sonreía! Cada grito te hacía más tierno... cuán importante era para ti ese bendito pan con mantequilla.
Después de verte pelear, absurdamente solo, ya sabías lo que seguía: un "perdón" y un beso. ¡Ah, cómo te gustaba ese beso! era el beso del pan con mantequilla. Con el beso yo me aseguraba de que me amaras hasta el otro día, hasta la otra mañana, hasta el otro pan con mantequilla.
Sin embargo, hoy todo se acabó. Ya no te importa más el pan con mantequilla de las mañanas... me parece que una lúgubre tostada con mermelada te espera en otra cocina. Y no habiendo más excusas para darte un beso: ¡Juro nunca más comerme el pan con mantequilla de tus mañanas!

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